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sábado, 18 de abril de 2020

Nuevo artículo en El Desfiladero: "Pensamiento alarmado para un final de curso anómalo"

Observo con perplejidad cómo el consejero de educación y muchos de mis compañeros confunden el fin con los medios. ¿El objetivo de la educación es el aprendizaje o la evaluación? ¿El aprobado es un medio para reconocer un aprendizaje o un fin en sí mismo? No considero que mi trabajo se menosprecie haya o no evaluaciones o aprobados generales. Mi trabajo (enseñar) ya está hecho con todos los alumnos y más con los que he podido contactar online. Sin embargo, sí que se menosprecia cuando me piden que trate a mis alumnos por igual viendo las desigualdades de medios que existen entre ellos.

Se supone que partimos de la idea de que esta crisis no puede ser una oportunidad para que algunos salgan beneficiados y sobre todo para que nadie sea discriminado. Y mucho menos cuando hablamos en su mayor parte de menores y cuando se trata del ámbito educativo o preprofesional. La discriminación viene a raíz de estas clases online improvisadas que con tan buena fe se han realizado, discriminación que se va a incrementar si son evaluadas o contabilizadas más allá de la atención educativa. El esfuerzo que se ha hecho por parte de todos para atender educativamente al máximo número de alumnos no puede ir en beneficio de unos y detrimento de otros.

  El debate no es si los los alumnos “desaparecidos” online que no tenían buenas notas deberían estar aprobados o suspensos, o si deberían promocionar o no. El debate es que, aunque hemos hecho online lo que hemos podido, es un hecho que se ha creado una brecha educativa. Que esta brecha, al igual que la crisis, no va a ser puntual ni cosa de un curso o dos, y eso es algo que hay que corregir a medio plazo con soluciones estructurales. Simplificar la compensación educativa por lo que está pasando en esta crisis al aprobado, el suspenso o la repetición/promoción es “parchear” el sistema para salir del paso. Luego se hará como si con esto hubiéramos solucionado el problema y a seguir incrementando la brecha educativa y social.

El primer parche es dejar que, en esta situación, la responsabilidad de las decisiones sobre aprobados y promoción (y por tanto de las supuestas medidas de compensación educativa) recaiga sobre los claustros, los equipos directivos, los jefes de departamento y los profesores y maestros. Estos, no sólo se sentirán responsables y quedarán expuestos ante la sociedad y los padres, sino que tendrán que justificarse con programaciones rehechas sobre la marcha para evitar reclamaciones. Si no se hace una previsión coherente para el curso que viene y siguientes todo lo que se haga será una respuesta muy corta de miras. Haya aprobados generales o no, con mucho alumnado con asignaturas pendientes o sin ellas, el próximo no va a ser un curso normal. Tratarlo como tal sería una traición al alumnado y un “echar a los leones” al profesorado.

Aunque claramente insuficiente por sí misma no hay tal escándalo en la promoción mayoritaria del alumnado. Puesto que la mayor parte de los alumnos supera el curso cada año, la “anomalía” es la repetición. De hecho, y puesto que está demostrado que bajando la ratio se reduce el número de suspensos y se mejoran los resultados, el suspenso es por definición en su mayor parte fallo del sistema y no del alumno. Peor todavía, España es de los países del mundo que más incide en la repetición, que se entiende a modo de “castigo”, el 28,7% de los alumnos repite. Esto es 2,5 veces más de media que el resto de países de la UE en 2018, cifras que el propio informe PISA considera “alarmantes”. Y digo castigo ya que, como concluye dicho informe, no se puede demostrar correlación entre resultados del sistema educativo y repetición. Precisamente todo lo contrario a lo que ocurre con la ratio profesor-alumno, que aunque está demostrado que es lo que más influye,  siempre hay a mano una excusa para recortar profesorado.

Así pues, no es descabellado que aprobemos a todos los alumnos y que el sistema asuma la responsabilidad que nos quiere trasladar a los docentes, la de no discriminar a nadie por motivos económicos. No es ninguna locura algo como no permitir repeticiones salvo en casos excepcionales. Ni siquiera debería ser una medida de emergencia. No es más que lo que nos lleva años recomendando el informe PISA, que sólo suspenda una tercera parte del porcentaje de alumnos que lo hace habitualmente. Lo lamentable es que, aunque se pase de curso a todos menos a los casos “muy excepcionales”, estos casos excepcionales coincidirán en su mayor parte con el 10% “desaparecido telemáticamente”, es decir con los más desfavorecidos, y se habrá desviado el debate principal sobre la brecha educativa a una cuestión superficial sobre si es justo aprobar o no. Cosa que además dividirá al propio profesorado.

En cualquier caso los resultados de este curso serían bastante arbitrarios porque:

Puede parecer justo pasar de curso con pendientes y evaluar el periodo de clases online sólo en positivo.  Pero es como dar por válidos los resultados y repartir los premios en una carrera en la que a un 10% de los participantes a mitad del recorrido les cambiamos la línea de meta y a otro alto porcentaje les quitamos las zapatillas. Contar estas clases no es una solución ni justa ni social. Nadie ha puesto en duda que los resultados de la carrera luego sirvan para las notas medias y para los currículums laborales, por eso duele tanto aprobar o promocionar al alumnado. Es muy simple: si no se ha competido en igualdad de condiciones es carrera nula. Ya es suficiente ventaja que hacer la carrera completa sirva para entrenar. Es más, delegar esta decisión en el profesorado es una falta de respeto social, además de dejarnos vendidos, ya que nuestros hijos están entre los que corren la carrera con zapatillas.

Un gran número de alumnos van a ser “evaluados” por las clases presenciales. Eso supone un trimestre y algo más de medio. Precisamente el trimestre que se caracteriza por una frase presente en todas las evaluaciones, que dice algo así como: “vamos a ser duros en el primer trimestre y si hay que pasar la mano o hacer recuperaciones que sea al final”. Esta es una premisa conocida por alumnado y profesorado. De hecho, hablamos de evaluación continua y el sistema permite y premia que un alumno vaya recuperando y mejorando durante el curso. Así pues, para el alumnado que no pueda trabajar online la evaluación será claramente discriminatoria. Un gran número de alumnos empieza el curso con 3 o más pendientes y supera el curso en junio o septiembre. ¿Cómo se corrije esa variable? Aunque un alumno promocione, si no ha podido hacer nada online y le han quedado 3 o 4 pendientes en el primer trimestre, es un claro candidato a repetir el curso próximo salvo que, como decía antes, se reformule ese próximo curso. El sistema no ha podido respetar las condiciones iniciales que se plantean para todo el curso en las programaciones, si ahora emite un juicio (evaluación/promoción) negativo basado en condiciones anómalas sería arbitrario y un fraude al “pacto” que se firma con el alumnado a principios de curso.  ¿Alguien avisó a los alumnos/padres/madres de que este año el aprobado o suspenso dependería de sus notas en diciembre?

Doble castigo. Los alumnos que presumiblemente suspenderán o repetirán coincidirán con aquellos que peor lo están pasando durante la crisis, que coincidirán con los que tienen menos recursos económicos y que serán mayoritariamente de centros públicos. Ahora mismo en nuestro país el alumnado desfavorecido, con pocos recursos, repite 4 veces más, la segunda brecha más alta de la OCDE (según PISA 2018). Además en la enseñanza reglada no universitaria tenemos familias sin acceso a Internet en casa, un 10% ha dicho el ministerio estos días (hablamos de la friolera de 820.000 alumnos), familias con escasez de equipos electrónicos (el 44% de las familias desfavorecidas tienen uno y el 14% ninguno, según PISA), o lo que es mucho peor, familias que están en tales condiciones económicas o de salud en las que la educación no es prioritaria. Todos los expertos coinciden en que los problemas psicológicos, especialmente de niños y adolescentes, aflorarán a medio plazo al salir de la crisis, miembros de la Asociación Española de Pediatría hablan de niños enfermando por falta de movimiento y socialización. Ahora, el sistema educativo, no puede trasladar el problema al curso que viene sin más, porque va a ser más importante la brecha social que la educativa. El castigo seguirá siendo doble, ya sea con más esfuerzo en el primer trimestre o con una repetición de curso a la larga, porque el sistema sigue computando y dejando más atrás aún a los mismos de siempre. Seguimos teniendo la conciencia de que los contenidos importan más que la persona.

Educar es por definición trasladar la experiencia de la sociedad a las siguientes generaciones. Nos enfrentamos a una crisis que no hemos vivido en los últimos 80 años. La educación no puede ser ajena a lo que ocurre y no se puede pretender que esto sólo afecte a un periodo sin clases  presenciales y que luego la vida siga igual. Es más, lo que está pasando con la crisis del coronavirus es claramente una oportunidad educativa. Ahora, en educación deberíamos estar hablando y debatiendo sobre cómo incorporar la realidad que nos rodea a la concepción de educación que hemos tenido los últimos 40 años. No estoy hablando de materiales que traten el tema, cosa que ya excelentes profesores y maestros están adaptando desde casa al ritmo que pueden. Se trata de una reflexión más amplia sobre qué es importante y qué no en la vida y en la educación. Hablamos de resiliencia, conflicto, solidaridad y sociedad. Es una oportunidad perfecta, sobre todo ahora que es tan evidente para todos lo fácil que se pueden perder muchas de las cosas que dábamos por hechas, cosas como sanidad pública con capacidad para todos y una educación pública justa que compense las desigualdades sociales.

Muchos sentiremos la presión de que venga inspección a revisar nuestras programaciones/decisiones provisionales y rehechas aunque en ningún sitio estén escritos criterios para juzgarlas. ¿Cómo se va a juzgar nuestro criterio educativo provisional en condiciones de excepcionalidad? Otros no permitiremos bajo ningún concepto que un alumno que no tiene unos mínimos conocimientos en contenidos apruebe una asignatura y otros muchos premiaremos a los que trabajen online sin mirar otras circunstancias. Para muchos la ley, aunque no esté prevista para estos casos, estará por encima de las personas. Es normal que no haya conciencia de la gravedad de la situación social ni aún llevando más de un mes encerrados en casa, porque, además de estar en shock y no pertenecer a los sectores que más van a pagar la crisis, poner en cuestión cómo se han hecho las cosas durante 40 años equivale a replantearse concepciones vitales. Estamos permitiendo, y se está haciendo muy evidente en esta crisis, que la legitimidad de la educación y la autoridad y el respeto al profesorado en el aulas se juzguen en función del número de suspensos y las repeticiones, cuando  lo que tenemos que poner en valor es una educación que se valore por lo que enseñamos y la labor social que hacemos. Ahora más que nunca tenemos que hacer valer el aprender sobre el aprobar.

Como profesorado, debemos presionar a los gobiernos para que hagan un plan coherente y a medio plazo, que tenga muy en cuenta a la educación para, como mínimo, no incrementar la brecha social (cuando deberíamos estar hablando de disminuirla). Porque con los parches están dejando caer la responsabilidad sobre nosotros que, hagamos lo que hagamos, seremos injustos. Pero con una cuestión muy importante de fondo, los padres de niños con zapatillas estarán ahí para que no se sea injusto con sus hijos, pero ¿quién da la cara por los otros?
Por favor, juzguemos/evaluemos esta situación poniendo a nuestro alumnado y a las personas por delante antes de decidir por qué protestar y cómo evaluar cada caso. Es injusto castigar con la repetición a los alumnos más desfavorecidos, es injusto hacer que promocionen con una mochila imposible de levantar y es injusto que vean cómo otros se llevan premios a los que ellos no pueden aspirar.
                                                                                     Abril de 2020
                                                                      Juan Antonio Manceras
                                                                      Profesor de Informática

martes, 14 de abril de 2020

Artículo de David Castro en el Desfiladero: "¡¡Sigan salvándose quienes puedan!!"



Las crisis muchas veces obligan a trastocar prioridades, forzando un equilibrio permanentemente cambiante entre lo urgente y lo importante. Esta que nos toca vivir, no es distinta, comparte los mismos patrones, replica comunes necesidades que la hacen una situación excepcional, que como insólita y singular, requiere de unas medidas también excepcionales. El ámbito educativo no puede ser ajeno a esta situación.
Desde el 13 de Marzo, familias, alumnado y docentes nos encontramos ante un mar de ambigüedades, cada día más espeso y menos claro, donde sin atisbo de tierra firme y ciegas de horizonte, ni se sabe cómo nadar ni hacia dónde dirigir los esfuerzos, es más, a día de hoy ni sabemos la dirección de las mareas.
Ambigüedades y más ambigüedades, muchas comunes en todas las etapas educativas y otras muy específicas y particulares a cada una de ellas.
Sin entrar demasiado en la cuestión de “desigualdad digital” o “carencia de recursos”, ya mucho se ha escrito y leído sobre esto, y se seguirá haciendo, ya que todos los vientos apuntan a esa continuidad de aprendizaje telemático basado en el teletrabajo, opción que se suma como una ráfaga más a este deambular sin horizonte.
Es importante resaltar que en nuestro sistema educativo más del 50% del alumnado de primaria no tienen esa disponibilidad de recursos y su situación personal y familiar no es la más idónea para emprender, menos ahora y a los pies de estos caballos, esta aventura de lo telemático. Ese alumnado y sus familias, ni tienen disponibilidad, ni disposición ni este Sistema que traspasa al educativo, lo permite. La desigualdad social existente actúa siempre como techo al ascensor educativo, por lo que esta continuidad de aprendizaje online acentúa y a la vez normaliza -ya que enfoca esta como única opción- que nuestro alumnado de las primeras etapas educativas, siendo este el más vulnerable por cuestiones de edad, necesidad de referente, etapa de socialización fundamental, dependencia por falta de autonomía, destrezas sin desarrollar, etc. se siga quedando atrás en su aprendizaje y en lugar de ser una solución, solo sea lluvia y más lluvia sobre su mojada realidad.
Nuestras autoridades educativas andan estos días de reunión en reunión, con el pretexto de buscar la salvación a este final de curso, entiéndase esto de salvar este curso, como algo que no se ha pensado, ni tiene parecido con dar una respuesta equitativa a la necesidad de educación y aprendizaje de todo el alumnado.
Cuando hablo de todo el alumnado, hago referencia a la existencia de las muchas y diversas dificultades de aprendizaje que se dan y tienen cabida en nuestro sistema presencial, dificultades que no todas vienen asociadas a NEE, cuestión importante que nos daría para hablar y reflexionar en profundidad sobre lo telemático y la educación especial e inclusiva.
Sea por falta de recursos, recortes en los medios, necesidad de modificaciones y adaptaciones continuas o imposibilidad de seguimiento e intervención individualizada,-no sería difícil seguir enumerando razones-, toda dificultad de aprendizaje no siempre recibe como respuesta más idónea, el abocarnos a la metodología telemática para que todo siga igual en el proceso educativo y se pueda seguir avanzando materia, mantener la disciplina de trabajo, evaluar los contenidos, alcanzar los objetivos, etc. Por el contrario, ello profundizaría en estas dificultades y acrecentaría las desigualdades, convirtiendo de facto el tan repetitivo y resonante “que nadie se quede atrás”, articulado al unísono por todas las esferas administrativas, en un lapidario y lacónico “sigan salvándose quienes puedan”.
En ese querer salvar el final de curso de forma injusta y sin equidad, nuestras administraciones deberían -juntas y guardando la recomendada distancia de seguridad-, telereflexionar y caer en la cuenta que a veces no hay nada peor que una crisis o una pandemia, para mostrarnos el verdadero rostro de la situación en la que encuentra nuestra educación -con o sin confinamiento- y por ende, toda la comunidad educativa de nuestra escuela pública.
Señorías y autoridades educativas que se muestran interesados en esta nueva forma telemática de seguir colonizando la experiencia educativa presencial, donde ven una oportunidad única para que esta llegue y se quede para siempre, no hay mejor momento para el Business as usual”, sería deseable que manifestasen ese mismo ímpetu en la protección de un sistema educativo público sin recortes y de calidad, donde no falten medios adecuados, recursos necesarios, ni personal para que en esa escuela presencial, contemplada como derecho insustituible, empiecen a cuadrar desde ya todas las cuentas y con todo su alumnado dentro.
Hoy más que nunca es imprescindible saber que el llegar a donde se quiere, casi siempre depende del sitio donde se esté, y esa continuidad -injusta- de aprendizaje que se busca con lo telemático, solo serviría para amplificar las dificultades y desigualdades que ya existen y se dan tanto en el ámbito educativo como en el social.
Es por tanto prioritario atender lo urgente. Dejarnos de más evaluaciones y lanzar un mensaje de apoyo, calma y serenidad al alumnado y familias. Vayamos preparando lo importante: empezar a pensar y repensar, cómo y desde dónde afrontar el próximo curso, para poner toda la intención y asegurar todas las garantías posibles para que de todo nuestro alumnado, ahora sí, de una forma verdaderamente decidida, ya desde hoy, nadie empiece quedando atrás.





domingo, 5 de abril de 2020

La voz de las familias en El Desfiladero: "UNA CASA NO ES UNA ESCUELA"


Una madre de familia nos cuenta y reflexiona sobre cómo están viviendo esta situación las familias de clases populares”

               D esde el primer día que se decretó el Estado de alarma, supimos que el estudiar en casa iba     a ser una auténtica locura. A la espera de las instrucciones de la Junta, las dificultades se fueron acumulando en muchos hogares : familias en las que alguno de sus miembros caían enfermos, nos mandaban a un ERTE, se quedaban en paro o autónomos/as que tenían que cerrar. Y lo peor, todo ello sin vislumbrar un punto de luz que mostrara la salida del túnel. Y con este maravilloso marco de incertidumbre y angustia, estamos obligados a hacer una vida “normal” para hacer ver a nuestros hijos e hijas que este barco en el que eres la capitana, no se hunde. Salieron las instrucciones, que más que guiar a la Comunidad Educativa, lo que hacían era mandarlas a casa a su suerte.

 Nada claro, todos y todas como pollos sin cabeza. La Junta dio por sentado que una casa es similar a una escuela y que la mayoría de madres y padres teníamos la carrera de Magisterio, además de la de Teleco, Ingeniería y salto mortal adelante con el manejo de redes sociales, apps, programas y utensilios online para tele-estudiar y tele-formar a nuestros hijos e hijas. ¡Y yo sin saberlo!.

Después de varias semanas, lo más angustioso es ver cómo la Junta no reacciona. Ya no pueden excusarse en el atropello de los acontecimientos. Han tenido tiempo de analizar la situación, de consultar con los diversos sectores y agentes de la comunidad educativa y tomar una decisión conjunta. Pero no, es mejor seguir violando derechos de los menores, como el de la igualdad de oportunidades. Porque, hablemos claro y alto: la casa no es igual que un aula de cualquier cole de España. La igualdad que ofrece la presencia diaria en un aula de cualquier cole, no la dan los hogares. Según Unicef, las tasas de pobreza infantil en España son de las más altas de los países industrializados. Por ello debemos entender la desigualdad tan grande que se vive en los hogares.
Situación que en las escuelas, de forma presencial, no sucede. Las familias nos vimos metidas en la vorágine de actividades, deberes, videos, textos, consejos, manualidades, yoga, refuerzo y avance de materia. Y aquí voy a pararme para hacer hincapié en este tema. En esta situación, el avanzar materia es mandar a la cuneta a miles y miles de estudiantes, si partimos de una desigualdad en los hogares, no es justo el avance de materia. Aquellos con una situación más ventajosa, podrán avanzar y los/las demás a los que les sea completamente imposible, pues se quedarán atrás -debido a aspectos completamente externos los alumnos y alumnas-. Reforzar contenidos dados Si, avanzar materia NO. 
 
Yo como madre de dos críos de 5 y 7 años me he plantado. No expondré a mis hijos a un nivel de estrés y angustia mayor de la que ya tienen porque a un señor empresario llamado Imbroda, que no tiene ni idea de Educación, y menos de la Pública, venga a dar instrucciones sin sentido ni argumentos. Tengo medios digitales, capacidad intelectual y cultural para hacerles avanzar académicamente. Pero no puedo dejar de pensar en aquellas personas que no pueden. Y siempre he sido así. O avanzamos TODOS y TODAS o sería mejor plantearse otra situación.

Yo salvaguardaré la integridad física y mental de mis hijos, ya que la Junta no lo hará. La Junta no piensa en los niños y niñas…sólo piensa en tener un montón de funcionarios y funcionarias públicas ocupadas (que por cierto cada vez son menos con los recortes y la interinidad) para que así justifiquen su salario a final de mes. Como si no amortizaran de sobra las horas que invierten, no lectivas en sus alumnos y alumnas todos los santos días, laborables y no laborables en todo el trabajo que realizan: correcciones, programaciones didácticas, manualidades, excursiones y en algo que me saca de quicio… esos millares de documentos, ítems y pamplinas que les hacen rellenar para que los señores y señoras de la Junta queden satisfechos en sus puñeteras estadísticas y estupideces, que más adelante usarán para catalogar escuelas y baremarlas a su antojo. ¡Váyanse a la mierda y dejen enseñar en paz! Son violadores del sentido término más puro de la enseñanza.

Para la mayoría de las familias, las que vivimos ahora la situación día a día, la única solución posible es dar el curso por finalizado. Cuando todo termine, ya veremos ENTRE TODOS Y TODAS, cómo hacemos. Los cursos son repetitivos y por regla general se empieza con un repaso del curso anterior. 
 
Otra cuestión que echo en falta en esta situación, es una respuesta más contundente por parte del gremio de los/las docentes. Es conocido que muchos de ellos y ellas se relamen las heridas, no es una situación fácil y encima se flagelan, otros agachan la cabeza y obedecen a ciegas, otros sólo se miran el ombligo, también echo en falta más autocrítica. 
 
He leído las cartas de las asociaciones de directores y directoras, tanto de Primaria como de los IES, y me ha faltado más contundencia en ellas.
He escuchado a la señora Celaá decir que dotará a los hogares de medios digitales para que puedan seguir formándose, y yo le pregunto: ¿Cuándo todo esto termine, a todas las familias nos va a convalidar estos meses para tener la carrera de Magisterio? ¿O el máster para poder ejercer la docencia? Qué visión más arcaica de lo que significa enseñar, de la palabra en sí misma, ¡qué pena!.


Entrevista en El Desfiladero: "Liderazgo pedagógico ausente"

El Desfiladero entrevista a Fernando Cobos Becerra, profesor de Fp y asesor en el CEP de Huelva. Es miembro de Marea Verde de Huelva


 


martes, 31 de marzo de 2020

Nuevo artículo en El Desfiladero: "The Show Must Go On"

Tercera semana de confinamiento y teletrabajo educativo a la deriva.... Cada vez es más insistente y cobra verosimilitud el rumor de que el curso acabará sin vuelta a la actvidad educativa presencial. El ministerio se prepara apoyándose en las multinacionales del sector (Moviestar, IBM, CISCO,...) que, de forma presuntamente altruista y desinteresada, se han ofrecido a cerrar la famosa "brecha digital"...." y social", añade nuestra ministra que por algo se dice que es socialista...

Desde Marea Verde Málaga seguimos aportando reflexiones en este debate porque, mientras ellos se preparan concienzudamente para el Día Después, nosotras no podemos quedarnos atrás. Damos la palabra en El Desfiladero al compañero José Luis Guerrero Marín, Profesor de Electrónica


Que todo siga igual, todo el mundo en su casa y a teletrabajar. Y el alumnado a seguir las clases online. Usaremos Hangouts, Moodle, Classroom, Zoom, Teams, Slack, y Google Docs. ¿Qué puede salir mal? Todo el mundo tiene ordenador, ¿No? O al menos móvil y WiFi.



Pasaremos por alto el hecho de que estas empresas se van a llevar un buen montón de Big Data sobre potenciales clientes, pero hay que estar muy alejado de la realidad para creer que todo eso es una verdad escrita en piedra. Supongamos que todo el profesorado tiene las competencias digitales necesarias que nadie se ha molestado en proporcionar y tiene en su casa conexión a Internet y el equipamiento informático necesario pagado por el bolsillo de cada cual.


Tengamos en cuenta ahora que el mayor fundamento de la escuela pública es la igualdad de oportunidades. Alumnado de zonas rurales, con poca o mala conexión a Internet, con un PC a compartir para tres hermanos o sin él, familias monoparentales donde el único sustento de la casa depende del teletrabajo del progenitor que ocupa el PC y no puede dedicarse a facilitarles las tareas, alumnado de centros donde trabajan con los proyectos tan de moda y que no tienen siquiera un libro de referencia al que agarrarse... Y aún no he llegado al avance de materia y a la evaluación del trabajo, ese que se valora en el día a día.


¿Y cuál es la solución a esto? No hay recetas mágicas. Si no se ha eliminado ya al profesorado y las clases presenciales por los habituales ataques a la escuela pública es porque no se puede sustituir por nada.


Quizá es hora de asumir que el curso ha acabado, que tendremos que evaluar con lo que tenemos hasta ahora y esperar que el curso que viene no venga como este, prepararnos para hacer el mejor repaso de nuestras vidas en septiembre y apostar por la educación de calidad de verdad. Si las ratios bajasen y aumentasen los apoyos en setiembre, estos 3 meses son perfectamente recuperables. Hacen falta menos TIC y más personas. Si nos pudiésemos centrar en la docencia y no en el papeleo y en justificar que no estamos de vacaciones, para enero de 2021 ya no estaríamos hablando de retraso alguno en la formación. Y ahora lo que toca, cuidarse y cuidarnos.

sábado, 28 de marzo de 2020

"Ceguera y sin razón" Artículo en El Desfiladero de Marea Verde




  

(A quienes afean a Marea Verde su postura sobre la educación telemática y la acusan de hacer el juego a la derecha)

 



Los  comentarios cuestionando la postura de Marea Verde sobre las clases online durante la emergencia social provocada por la pandemia de coronavirus, una vez descartado que hayan sido dictados por la mala fe, por la ingenuidad o por el cinismo, tal vez sean el fruto de una deficiente comprensión lectora achacable quizás a la ceguera inducida por el enrarecido ambiente ideológico impuesto por el estado de alarma policialmente vigilado. 


Desde todos los frentes y medios se nos conmina a acatar y obedecer. Se nos prohíbe  criticar y reivindicar mientras dure “esta situación  excepcional”. ¡Se nos manda a callar! Ni más ni menos que porque vivimos una “situación  excepcional”.  Así justamente razona el poder policial y militar  que el poder civil, con la “ley mordaza” en una mano y las estadísticas de muertos en la otra, ha puesto al frente para la gestión de la emergencia social y sanitaria.  Tampoco podía falta la acusación,  habitual desde el progresismo pequeño burgués de tantos enseñantes, de que quienes se atreven a cuestionar esta gestión  le están haciendo el juego a la “derecha”, actuando poco menos que como aliados del fatídico virus.  


Por supuesto, quienes escriben y difundes estos comentarios acusando a Marea Verde de “hacer política” y, sin contradicción con lo anterior,  de ser “izquierdista”,  creen que ellos, al escribir esos comentarios no están haciendo política: la suya es la única forma legítima de hacer política en un estado de alarma, forma suave del estado de excepción.

Los continuos llamamientos a “arrimar el hombro” olvidan que hacer “un esfuerzo” por el bien de nuestro alumnado, por ejemplo,  no es necesariamente hacer lo correcto desde un punto de vista social y mirando al futuro inmediato, al Día Después de la pandemia.

No se agradecerá nunca suficientemente a Saramago su enorme lucidez.... Esta ceguera mental, ideológica y psíquica que se propaga sin control en el campo educativo es un virus mucho más peligroso que cualquier otro pues desconecta de la realidad y anula las defensas de la racionalidad.


Marea Verde hace bien en alertar sobre algo que debería ser evidente: se está gestionando esta crisis, una catástrofe social, como si de una guerra se tratara y con los instrumentos de poder bien conocidos del neoliberalismo ( no solo del neoliberalismo económico). Si la anterior crisis provocada por el crash financiero fue una oportunidad para afinar y extender dichos instrumentos, la presente se está ya aprovechando para dar una vuelta de tuerca más venciendo las resistencias que aún impedían su despliegue. Mientras obedientemente teletrabajamos, Imbroda, Celaá y cía construyen el futuro con la ayuda de la ceguera cómplice de un sector significativo del cuerpo docente.  El caso de la enseñanza/educación telemática es en este sentido paradigmática: la “uberización” de la relación pedagógica es lo que se está experimentando estos días.


Marea Verde hace bien en denunciar que si las desigualdades sociales ante la escuela y la cultura escolar, así como la relegación escolar de que son objeto los sectores más desprovistos de “capital” cultural, social y económico, son un grave problema en la relación pedagógica presencial, problema  que tiende a ser invisibilizado -¡otra vez la ceguera!- tras la cortina ideológica del “merito” o el “talento”, con la relación pedagógica “uberizada” y telemática queda completamente excluido del campo no solo de lo visible, pues  hacemos desaparecer el problema de nuestra vista físicamente, sino de lo posible y de lo imaginable.